El arqueólogo Antonio Ramos Millán ha visto la luz a través de una ventana. No ha sido literalmente sino, más bien, como “una metáfora cognitiva” con la que se ha asomado a una antigüedad desconocida del santuario de la Virgen de Regla, de Chipiona (Cádiz). El profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada sostiene que el actual edificio esconde dos plantas de una iglesia visigoda del siglo VII que, posteriormente, fue reutilizada como castillo y mezquita almorávide, también desconocidos hasta ahora. El hallazgo destaca por su carácter “excepcional y singular”, a juicio de Ramos, tanto por la naturaleza del patrimonio descubierto como por su estado de conservación.

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    La ventana del Santuario de la Virgen de Regla.
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Sin embargo, Ramos cree que este hueco es muy anterior. El arqueólogo data su origen como una ventana de la planta superior del templo visigodo. Los mozárabes —cristianos que vivieron bajo dominación árabe— mantuvieron el uso cristiano del edificio, hasta que, a principios del siglo XII, los almorávides se hicieron con el control de Al-Andalus y deportaron a los cristianos del sur al Magreb. Después de este desalojo, el edificio se reconvirtió en un castillo o ribat de usos monásticos con una mezquita principal. Con el cambio, la ventana se redecoró al gusto almorávide, según la tesis de Ramos, sostenida también en su publicación De la memoria idrisiana y arqueológica del Ribat Al-Munastir almorávide de las mezquitas (Chipiona).

“Fue una ventana emblemática que permitió comprenderlo todo”, reconoce el arqueólogo. Sin embargo, su valor va más allá de la importancia que tuvo en la propia investigación. Su existencia corrobora la existencia del ribat que, pese a estar reconvertido de nuevo al culto católico, “se conserva en su práctica totalidad”, según Ramos. Para el experto, mención aparte merece la iglesia subterránea: “No se conocen criptas visigodas que se conserven en su integridad, caso destacado de una parte de la cripta de San Antolín, en la catedral de Palencia”.

Ahora este nuevo pasado rescatado será incorporado al futuro expediente BIC y, de momento, no está contemplado que pueda ser visitable a corto plazo. Pero el santuario de Regla aún guarda más secretos. “Aquí hay descubrimientos casi a diario”, explica el arqueólogo. Es lo que tiene indagar en un inmueble dedicado al culto y usos monacales de una y otra confesión desde hace más de 1.300 años. “La actual comunidad franciscana es heredera, por tanto, de toda esta tradición milenaria del monacato”, remacha Ramos.